Era la década de los 2010… No puedo creer cómo pasa el tiempo: el iPhone había salido hacía algunos años y la industria de la computación estaba en su era dorada. Recuerdo cuando soñaba con tener una empresa que hiciera todos mis sueños realidad. Ahí fue cuando empecé a buscar una manera de ocupar mi tiempo libre. Me gustaban los computadores, y recuerdo la época en la que el bitcoin había sido creado. Y estaba yo ahí, leyendo en sitios curiosos aquellas maravillas que estaban por llegar. No podía contener mi emoción al saber que todas estas cosas estaban siendo creadas; miraba emocionado al futuro.
Mi pequeña afición a las revistas de computación me llevó a experimentar con todo lo que se me cruzara: instalar sistemas operativos, reinstalarlos, instalar juegos, programas… En fin. Llegué a desarmar todo lo que se me cruzara y me da pena por mis padres, porque habré destruido muchos objetos que no eran computadores por saber qué podría hacer con ellos. En mis tiempos libres, que de adolescente es muchísimo tiempo, aparte de jugar mucho al GTA 2 (para eso haré otra entrada), me gustaba intentar programar en un pequeño programa llamado Borland C++ Builder, que venía en un disco grabado con un trial, junto con otros goodies y shareware. Recuerdo tratar de explicarle eso a mi abuelita XD.
En fin, al ser esto un blog, diré muchas cosas en un tono informal, como de revista y a veces haciendo de dueño de un emprendimiento.

Un Tony Stark con PC casera
Ahora, entre esos sueños ambiciosos y de grandeza… volví a la realidad de ser un estudiante. Luchaba con las clases, que en mi mente eran sencillas pero no iban acorde a lo que me gustaba: la computación. Me vi envuelto en muchos ensayos, malas notas y un sueño: hacer programas. Y yo estaba ahí imaginando que lo hacía; hasta que un día me puse manos a la obra: diseñaba logos, interfaces, diseños de programas, y me frustraba no poder hacer muchas cosas. No tenía más que mi computadora y quería hacer gadgets, inventos… De todo.
Es que en esa época andaba obsesionado con Iron Man. Tony Stark con su laboratorio, sus inventos y JARVIS, una IA que lo ayudaba en todo. Yo quería eso, pero me faltaban un par de detalles: los millones de Tony Stark. Tenía una PC casera y mucha imaginación. Pensé que podría plasmar mis ideas en 3D, así que aprendí Blender por segunda vez; la primera fue en 2006.
Soñaba con una IA que me asistiera en todo lo que hacía y ahora, en pleno 2026… es más que posible y es una herramienta que uso a diario. Quién lo diría.

Peeero, volviendo al tema.
El primer intento de conseguir trabajo
Intenté hacerme primero de un empleo. En las películas basta con buscar un lugar donde estén buscando gente… y crucé la calle. Era un local de alquiler de computadoras con internet, algo desierto; recuerdo que apenas se llenaba, pero decidí intentarlo y, como andaba intentando ser Iron Man con un PC casero, pues las cosas no salieron como me las imaginaba. Solicité el empleo y, como no era común tener un teléfono celular, al menos no en mi casa, dejé mi número. El dueño nunca me llamó, pero sin saberlo dejó un huevo de Pascua para el futuro.
Mientras tanto, yo miraba cómo hacer funcionar Linux Mandrake 9.2 en VirtualBox, fracasando en cada etapa… Es que extrañaba Mandrake, así que compré la 9.2 y luego Mandriva, y las dos apenas funcionaban en mi máquina virtual. Resulta que no era ni el momento ni la distro. ¿Se imaginan a un adolescente de 14 experimentando con C++, VirtualBox y Apache? En mi casa me veían como un alienígena. Aunque jugaba juegos de simulación y estrategia, me divertía más trasteando con mi computador: desarmándolo, comprobando su estructura, inspeccionando los límites de un ordenador hogareño. Y sin saberlo, ahí estaba adquiriendo la skill que me llevaría a mi siguiente etapa: la reparación de computadores.
Windows 7
Todos esos años de trastear me dieron otra perspectiva; miraba los sistemas con un lente distinto. Me emocioné aquella vez en la que, por algún error en los servidores de Microsoft, conseguí una copia MSDN del rumoreado Windows 7. Como usaba internet por módem, la descarga demoró varios días… sí, días. Formateé e instalé varias veces mi computadora, pero con un catch: aprendí a hacerlo sin borrar nada del equipo, sin particiones y sin hacer respaldo. Y probé el glorioso Windows 7.

Luego de varias betas y un par de release candidates salió el flamante Windows 7, y era el momento de explorarlo hasta donde más pudiera. Como el internet era un poco mi límite, lo hice todo desde la documentación; así fue como aprendí a usar Linux también, donde rompí tantas veces el arranque LILO que tuve que leer man desde la terminal para arreglarlo. Pero esa es otra historia.
Ahí es donde empieza Utopic Labs. Pero antes de que existiera Utopic Labs, propiamente dicho, existía un adolescente que desarmaba cosas, jugaba al GTA 2 y soñaba con construir el futuro desde su computadora.
El ciber de enfrente
Mi padre me daba unos dólares para golosinas, y en mis breaks yo buscaba siempre mis Ruffles gigantes para las sesiones largas de diseño de interfaces. Vivía en una casita esquinera que tenía enfrente un minimarket y, frente a él, el difunto local de máquinas de alquiler de internet, ese mismo donde había dejado mi número. Cerró ahí en 2020: el covid y un arrendador que subía el alquiler sin medida se lo llevaron. El negocio se fue al sur de la ciudad y de ahí, no sé más. Solían llamarlos cibercafé y, con el tiempo, les dijeron cibers.
Una tarde, comprando mis papitas, alguien me hizo un gesto desde el otro lado de la calle. Me llamó la curiosidad y pues me acerqué. Era el nuevo dueño: el local había cambiado de manos. Ahí tuve mi primer gig, o como lo diríamos aquí, mi chaucha: una tarea pequeña. Me explicó que le habían dado mi referencia: el dueño anterior, a quien le había dejado mi contacto, le dijo quién era y dónde vivía, y me recomendó. Así que esa solicitud que parecía olvidada sí había servido para algo.
Mi primera tarea: instalar un Windows XP. Ninguno le valía; lo instaló un ingeniero que conocían y nada de resultado, de hecho la gente se quejaba. Le dije que los sistemas modificados tienen ese defecto, que la idea era hacer una buena experiencia, una estable y fluida. Y me pregunta: ¿y tú qué me recomiendas?
—Bueno, he probado Windows 7 y es muy estable, corre bajo el mismo núcleo de Vista y pues Windows XP será reemplazado pronto. El soporte de largo término, o LTS, terminará en 2014; de hecho, eso se sabe desde 2008, lo leí en la revista PC World, edición de agosto de ese año.
Recuerdo que la compré por esa misma noticia. Él sonríe y me dice: ¿y si probamos en una de mis computadoras? Le contesté: déjame revisar.
Para mi sorpresa, todos los equipos eran compatibles, todos: dual core, 2 y 4 GB de RAM y todas Intel. Vaya, cómo recuerdo mi primer gran logro. Lo instalé en una y los clientes la pedían bastante, hasta preferían esa máquina sobre las demás. Esa fue la demostración de mi instinto. A la mañana siguiente lo pidió en todas.
Ese día nos quedamos hasta tarde… Me pagaron con una pizza de piña. Lo sé, lo sé, pero apenas empezaba y se lo hice como un favor. Luego me dio un poco de coraje porque al otro le cobraron 600 dólares por seis equipos y a mí con una pizza… fuck.

De una pizza a mis primeros ingresos
Igual esa pizza terminó siendo el comienzo de una relación comercial. Yo seguía estudiando y, de vez en cuando, hacía trabajos de reparación y mantenimiento de computadoras para el ciber. Me daban para mis cines de los viernes, para burritos en los recesos y para algún gusto. Para mí era fantástico: ganar plata haciendo lo que me gustaba.
Pero empecé a notar un problema: las tareas se repetían. Una instalación, otra instalación, configurar programas, actualizaciones, revisar el sistema, instalar complementos… una y otra vez. Y me frustraba hacer lo mismo tantas veces. Había pasado años aprendiendo computadoras para hacer cosas interesantes, no para repetir los mismos pasos toda la vida.
Ahí apareció la idea: ¿y si hago que la computadora haga parte del trabajo por mí? Y con eso empieza la historia de mi primer programa: Hades.
Hades
Ya conocía el término automatización, pero no tenía muy claro cómo aplicarlo. Empecé a investigar: páginas, documentación, probar lo que fuera. Obviamente, en vez de hacer las tareas del colegio, me concentraba en lo divertido: crear cosas.
Me acordé de que en 2005 había leído unos tomos de la biblioteca de mi padre que mencionaban Visual FoxPro. Revisé la documentación, pero no se parecía a lo que había aprendido en C++ (objeto->método) y no me convenció. También pensé en archivos batch, esos scripts de Windows para encadenar comandos, pero me parecían poco prácticos para lo que imaginaba. Yo no quería ejecutar unos cuantos comandos: quería una herramienta que organizara todo el proceso, una especie de asistente que instalara programas, aplicara configuraciones y recortara el tiempo de dejar lista cada computadora.
Un fin de semana, uno de esos tantos, el dueño de ese ciber me preguntó si había alguna manera de agilizar las instalaciones. ¡Justo lo que llevaba días pensando! Le expliqué que sí, pero que tendríamos que sacrificar algo de control sobre el proceso, según cómo preparáramos las imágenes ISO y los mecanismos de instalación. Le comenté también que esa semana había leído en la documentación de Microsoft sobre el Windows Automated Installation Kit (WAIK), que servía para preparar instalaciones y automatizar etapas. Le dije que habría que dividir el trabajo en fases, revisar las imágenes, preparar componentes…
Puso la cara que ponen muchos cuando empiezo a explicar algo demasiado técnico. Estoy casi seguro de que en su cabeza yo seguía siendo el alienígena que habla de computadoras en otro idioma.

Así que simplifiqué: “Yo me encargo, voy a buscar una solución”. Volví a mi viejo aliado, Borland C++ Builder, rápido, familiar y confiable. Tenía ideas dándome vueltas, pero me faltaba algo.
Y entonces me fui al cine.
Percy Jackson y el nombre de un dios
La película era Percy Jackson y el ladrón del rayo. Salí emocionadísimo, no tanto por la película sino porque en plena función se me ocurrió un nombre: Hades. No sé por qué encajó tan bien en mi cabeza, pero fue el empujón que necesitaba.
Volví a casa y me puse a revisar lo que tenía: mis archivos, las ISO y unas distribuciones modificadas de Windows que había acumulado en mis experimentos. Y, irónicamente, parte de la respuesta estaba en algo que antes había criticado: un Windows modificado. Tenía un par, el famoso Windows Angelical v2 y Vista Style by Wender Hack. Me puse a inspeccionar su estructura.
Y ahí me acordé de un consejo de cuando empecé a navegar por internet: “mira en el foro por si alguien ya respondió tu pregunta antes de volver a hacerla”. ¿Para qué construir todo desde cero si alguien ya había resuelto una parte? La respuesta era el Windows Post-Install Wizard (WPI).
Alguien, en alguna parte de internet, ya había hecho una herramienta para automatizar la instalación de programas después de preparar Windows: una interfaz donde seleccionabas programas y se ejecutaban secuencias de instalación, hasta con condiciones y opciones (yo en esa época le decía simplemente “opciones”). Justo lo que yo imaginaba, y encima personalizable. Estaba hecho con tecnologías web, como aplicación HTA (HTML Application), ese formato de Microsoft que permitía correr interfaces en HTML y JavaScript como programas de escritorio. ¡HTML y JavaScript! No tenía que escribir un instalador completo ni una interfaz nativa: podía estudiar cómo funcionaba y adaptarlo. Y eso hice.
Así nació Hades Wizard, una versión personalizada de WPI. Cambié el diseño, los colores, la interfaz y parte de los scripts, organicé las opciones y armé secuencias para los sistemas con los que trabajábamos. La idea era simple: abres la herramienta y eliges qué necesita cada computadora. También hice scripts para distintas versiones de Windows, porque no todas necesitaban lo mismo, y se apoyaba en componentes del propio sistema, sin tener que instalar otro entorno complejo. Era práctico, rápido y nos ahorraba tiempo.
No todo era perfecto: mi límite eran los controladores. Los equipos de los clientes eran tan variados que al principio lo razonable era instalar los drivers a mano. Más adelante encontraría cómo automatizar eso también, pero eso da para otra entrada.

También descubrí los parámetros de instalación silenciosa, los install switches, que dejaban ejecutar instaladores con ciertas opciones sin pasar por cada ventana del asistente. Justo lo que necesitaba, así que me puse a investigarlos. Usaba herramientas para explorar ejecutables PE (Portable Executable) y me emocionaba ver qué había adentro: las secciones, las bibliotecas, las funciones que importaban, la cantidad de código detrás de algo tan simple como un instalador. A veces las opciones aparecían en la documentación y otras veces tocaba investigar más. Cada descubrimiento era una pequeña victoria.
Hades nació de algo muy simple: automatizar lo repetitivo para tener más tiempo libre. El nombre salió de una película, la base de una herramienta que alguien compartió en internet y buena parte del diseño de las ideas de un adolescente que llevaba años soñando con hacer sus propios programas. No era JARVIS ni el laboratorio de Tony Stark, pero lo había armado yo para resolver un problema real, y fue mi primer paso hacia la utopía tecnológica que llevaba años imaginando. Años después, esa mezcla de curiosidad, experimentos y ganas de hacer las cosas más eficientes terminaría siendo Utopic Labs, pero para eso, quedan muchos otros post. Aunque, en ese entonces mi motivación era mucho menos filosófica: quería terminar rápido el trabajo para tener más tiempo de jugar con computadoras.
¡Hasta la proxima!
